Entrevista

Posted by Zona Crónica on 15:48

Mujer presa tras asaltar agente del OIJ con puñal

Una forma de huir de los lugares comunes al escribir es al abordar temas polémicos desde el punto de vista de ese personaje irregular y extraño, hacer una nota que retrate lo que ellos viven y como las cosas les suceden. Una nota muy interesante, montada en una columna vertebral hecha por el testimonio de la persona que nos lleva a través de la vida de las personas de los barrios problemáticos de nuestro San José.ZC.

Por: Cristina Fallas Villalobos


La ansiedad por consumir marihuana se apoderó del cuerpo de cuatro jóvenes de 16 a 19 años. Era tanto el deseo de sentir como su alma se “liberaba” que al ser las 9:30 de la noche decidieron que asaltarían a la primera persona que transitara la Ruta Aserrí- Poás en Desamparados.


Un hombre que caminaba solitario, se volvió la víctima ideal para Maritza Salazar, la única mujer del grupo y considerada como la cabecilla de la cuadrilla con tan solo 16 años.  


Al acercarse al hombre no existía nerviosismo sino que su cuerpo se alimentaba de la fortaleza que sus otros tres compañeros no demostraban. Con el puñal en mano y teniendo a su víctima al frente temblando de miedo, pálido y suplicando para que no lo hiriera, Maritza decía “vea si usted nos conoce a nosotros y nos echa la ley yo a usted lo mato”, al reconocer que el rostro que tenía al frente era de un miembro del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), conocido en la zona. Ante la reacción agresiva de esa joven de cabello rubio y ojos grises, el policía solo exclamó “No voy hacer nada”.


Al ser las 10:30 de la noche cada uno de los integrantes de la cuadrilla tomaban su parte de lo robado. Maritza agarró la mejor parte, el dinero. Inmediatamente se alejo de sus cómplices y se dirigió a comprar la droga que su cuerpo necesitaba, luego caminó hacia  un cafetal para consumir y pasar la noche.


Eran las 9:00 A.M y despertó entre matas de café, se levantó y se fue a su casa en San Rafael Arriba de Desamparados, donde comió, se baño y salió nuevamente a las calles a asaltar y drogarse, era su estilo de vida. 


Al pasar tres días del asalto, “La Gata” como conocían a Maritza, estaba lavando una de sus blusas, pero ese momento fue interrumpido por uno de sus amigos que le gritó, “Viene todo el OIJ, vea por donde se va”. Los intentos de buscar una salida fueron nulos.


 “Cuando yo veía por donde me iba, ya un muchacho del OIJ estaba en el techo y me decía, no se mueva porque si se mueve la quemo y yo me quedé parada esperando a ver a qué hora me detenían y en eso se bajaron cuatro pacos de la OIJ, entraron a la casa y me arrestaron”.


Con su voz en una tonalidad más baja y sin expresar emoción alguna en su rostro “La Gata” recordaba que mientras iba en la “perrera” solo pensaba “mi primer fracaso en la vida”.

Al llegar a las antiguas celdas de la Corte Suprema de Justicia en San José ,donde permaneció tres días, solo esperaba junto con sus otros compañeros de cuadrilla, que estaban ubicados en las celdas del frente y de al lado, sin poder tener ningún tipo de contacto, que pasaría ahora con ellos.


Al ser el segundo día de estar detrás de las rejas pasó hambre, frío y deseaba poder bañarse. Al tercer día la desesperación la embargaba y le pedía a Dios que la ayudara.

 “Ya siendo el tercer día yo le pedía a Dios que me diera una segunda oportunidad y en eso llegaron unos policías por mí y me llevaron arriba, a una oficina y me encerraron con tres hombres y me decían que dijera la verdad, que a mí ya me habían entregado y que ya iba para la cárcel del Buen Pastor”.


Mientras la patrulla realizaba el recorrido de la Corte al Centro Penitenciario el Buen Pastor, recordó que en ese momento sentía pena por ella.


Las primeras miradas de las reas con las que compartiría el espacio de la celda eran conocidas. Ya que “eran mis amigas así que me sentía segura, de hecho pensaba que cuando iba salir de la cárcel ya la gente me iba tener más respeto”.

Transcurrieron tres meses, que en lugar de ser un castigo fueron tiempos de convivencia con otras delincuentes y con las que podía consumir marihuana dentro del centro penitenciario. Su padre dio fin a este período en la cárcel tras pagar la fianza que le permitiría estar en libertad.


Cuando salio de la cárcel el odio y el deseo de venganza contra el oficial del OIJ eran su compañía de regreso a casa. Donde su padre solamente le dijo al llegar, “espero que se porte bien porque yo la saque bajo fianza y en cualquier momento si usted se porta mal, le quito la fianza para que la vuelvan a recoger”. Después de estas palabras solo optó por comer y dormir. 


A la mañana siguiente consumió un litro de guaro y con un puñal fue en busca del hombre al que le había jurado que si la acusaba con la policía, lo iba matar. Al llegar al lugar donde vivía su denunciante, se dio cuenta que él ya no vivía ahí y así sus deseos de venganza se derrumbaron. 


Realizando asaltos, consumiendo y vendiendo drogas, así fueron todos los días hasta los 20 años cuando recibió la sentencia de 5 años de prisión por intento de homicidio y robo agravado por el caso del agente judicial. Al conocer la sentencia se dio a la fuga durante tres años.


 “Estuve a la fuga durante los 20, 21 y 22 años. No me agarraban porque me decía llamar Yorleny. También me ayudaba andar sola, porque en cuadrilla uno estaba más expuesto a que lo agarraran. Pero el fin de mi fuga fue cuando me entregó un zapatero que vivía en Maiquetía, que dijo mi verdadero nombre.”


La policía la capturó y la llevo de inmediato a la cárcel para descontar su condena, todo sería distinto a la primera vez. Estuvo en el área de mediana cerrada, donde solo tenía derecho a una hora de sol, donde sufrió violación sexual y comportamientos neuróticos.

“Me pusieron el machete para violarme y lo lograron porque estaba en mediana cerrada, era un lugar pequeño y ella era una mujer que tenía características de hombre. También era neurótica, porque si yo no apuñaleaba a alguien que quería hacerme daño, me cortaba los brazos y me chupaba la sangre para satisfacer mi deseo”.


A sus 26 años de edad logró obtener su libertad y solo debió cumplir tres años de su sentencia, pero al salir de la cárcel nada cambio.


“Seguí siendo lo mismo o hasta peor era como una de las discípulas de Satanás”.


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