Recuperar el derecho... ¿a qué?
Las pequeñas cosas nos hacen ver la importancia de la vida y las cosas que nos rodean. Estas cosas nos permiten ponerle más atención a cosas que damos por sentadas y que no necesariamente deberían ser así, nos da la oportunidad de encontrar nuestro propio punto de vista y atrevernos a decir que no estamos de acuerdo, el artículo de esta semana es inspirado en un rótulo ¿Podrá algo tan pequeño cambiarnos la forma de ver el mundo? Opine usted. ZC.
Por: Mauricio Sgadi
Respiro, veo por la ventana y la lluvia crea ríos donde antes había solo caños, la ventana se empaña y las gotas se pegan al vidrio. Respiro, y el aliento empaña un poco más el vidrio, en el espacio justo donde ella no está.
El frío de afuera se mete debajo del sweater, de los dedos, de las ganas… Respiro, y salgo al ruido debajo del paraguas, una luz roja apenas perceptible bajo el baldazo nos deja montarnos en la calle en medio de los carros, un letrero llama mi atención desde el otro lado de la calle. En un poste ruinoso de un amarillo opaco, una señal que reza: “Recuperamos el derecho de vía”.
De pronto (y justo ahí mientras respiro) me comienzo a preguntar: ¿Recuperamos el derecho de vía? ¿Cuándo lo perdimos? ¿Quién lo había robado? Y, por supuesto, ¿Quién, en alguna lucha invisible, la recuperó para nosotros? ¿Cómo no nos dimos cuenta que habíamos perdido algo tan grave como un derecho?
El camino a casa se hace corto debajo de los audífonos (o en medio de ellos), cuando entro a mi casa el televisor tiene dos presentadores hablando de las andanzas de la “mega sele” en tierras del norte y perdemos el derecho a consumir información decente y sin relleno. Perdemos el decoro y la sensibilidad cinco minutos más tarde en los sucesos, y de pronto somos caníbales de nuevo.
Hay, o deben de haber, personas o instituciones en las sombras que libran guerras infinitas en la oscuridad contra la gente que nos receta siempre más de lo mismo, que creen que nos dan lo que queremos pero no se dan cuenta que consumimos sus basuras porque es lo único que nos dan. Sus guerras y sus nombres están y estarán en el anonimato. Los letreros que usarán para avisarnos que ganaron se empolvan (acaso) en una bodega lejos de la ciudad.
Un día de tantos nos levantaremos con la certeza de un día igual pero no desayunaremos viendo accidentes ni sangre, los periódicos se cansarán de decirnos de que hablar e imponernos con fierro sus ideas, la opinión de la gente se escuchará de verdad, y la selección de fútbol no será tan importante, y la lluvia (esta maldita lluvia) se irá un poquito, como ella.
En la calle, mientras respiro profundo, veré los letreros que ganaron los que no sé nombrar y que nos avisarán un día mejor, dirán que recuperamos el derecho a decir que no, que no queremos, que estamos cansados, que se acabó… Espero uno en especial: “Recuperamos el derecho a ser nosotros mismos”.
Pero yo no me creo mucho, ahora acá, en la soda de la Universidad, y viendo la lluvia que no se va, te escribo un poquito, mientras pierdo el derecho a quererte.




