Ver los problemas sociales con otros ojos siempre nos ayuda a comprender mejor las cosas que pasan. Si logramos interiorizar las situaciones y ponernos en los pies de los otros entenderemos que también podríamos ser nosotros a quienes les pasan las cosas y quitarnos la idea de que todo siempre le pasa a “los otros”. El caso del abuso sexual infantil puede ser un gran ejemplo, y por medio de ciertas estadísticas que nos ofrece la autora notamos que el panorama es diferente al que pensábamos antes ¿o no? ZC.
Por: Silvia Mora Mayorga
Como estrellas de rock, o como los actores más famosos de Hollywood aparecen Benedicto XVI y sus secuaces muy constantemente en los medios de comunicación, el primero, pidiendo disculpas por los segundos, y la iglesia católica, cual Steven Spielberg, dirigiendo una popular película llamada: abuso sexual infantil.
Escándalo tras escándalo pone en evidencia cada día más a los muchos sacerdotes, que no tan fieles, tratan de sobrevivir en contra de su propia naturaleza carnal, luchando inútilmente con la tortura de mantener la promesa del celibato.
Este tema, que claramente esta en boga, ha sido una de las llaves que ha abierto la grande y misteriosa puerta de la pederastia, que se mantuvo cerrada por largo tiempo como un secreto a voces.
Sin embargo el abuso sexual infantil, es importante aclarar, no es un problema propio de la iglesia o un asunto clerical, sino más bien es (y siempre lo ha sido) un problema de la sociedad, aunque lamentablemente el tratamiento que se le haya dado lo categorice como un fenómeno ajeno y distante a nosotros.
Somos una sociedad inconsciente de los problemas directos que nos afectan. Madres ignorantes de lo que les sucede a sus hijos en su ausencia, maestras y profesores que no perciben cambios en sus pequeños alumnos, padrastros maniobrando sin que se perciba nada y la mirada de la sociedad: plasmada en lo que dicen las portadas de los periódicos o en lo que presenta el noticiero.
¡Atención! La víctima no es al monaguillo que sirve en el vaticano, tampoco el último caso de abuso infantil que se dio en Colombia por parte de un cura. Puede ser nuestro hijo o el niño de al lado el que esté sufriendo en silencio, no creamos que solo los sacerdotes cometen ese delito.
Al contrario, el 62% de los casos de abuso infantil (más de la mitad) se da por parte de un familiar, que utiliza la confianza y la autoridad como herramientas para crear un vínculo fuerte, que lleve al niño a ser víctima de este problema tan peligroso para su salud mental e integridad como ser humano.
Por lo tanto no hay que dormirse en los laureles y antes de ver la taquillera cinta que cuenta el acontecer del mundo, deberíamos de revisar el filme casero que se graba diariamente en nuestro hogar o en el vecindario.
Muchos niños en nuestro perímetro cuadrado son abusados diariamente y se estima que de esos casos apenas el 51% son denunciados y tratados psicológicamente como se debe.
La ignorancia y el desconocimiento por parte de la población siempre toman un papel importante en los problemas más difíciles de erradicar. El no conocer el debido proceso o las instituciones respectivas para denunciar, hace que las cifras reales de niños abusados no se puedan conocer, y esto aunado al miedo y las amenazas, da pie a que los pedófilos y enfermos sexuales sigan haciendo de las suyas.
En Costa Rica existen instituciones como el Patronato Nacional de la Infancia (PANI), la Defensoría de Niños Internacional (DNI) y el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) que brindan ayuda y permiten a las víctimas o a quién tenga conocimiento de un caso, denunciarlo y erradicar poco a poco este gran problema.
En México, el año pasado la procuraduría Capitalina reportó 243 denuncias de abuso sexual de niños con edades entre uno y seis años y 344 casos de abuso en niños de 11 años de edad, sin embargo se asegura que son muchos los casos que se mantienen en silencio.
Esos rostros colmados de una inocencia casi angelical, guardan en sus ojos miradas tristes, vacías y desesperadas que reflejan un miedo incontrolable a ser abusados de nuevo.
Es tiempo de quitarnos la venda que tapa nuestros ojos o la mordaza que sujeta nuestra boca y nos impide hablar, es momento de ayudar a que los futuros ciudadanos tengan una calidad de vida amplia sin traumas sexuales o psicológicos.






0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada